Hay veces que te falta una mirada cómplice para considerar todo esto una broma y volver al principio.

A la pureza de los amores libres de cargas.

Formar parte de nuevo de las ilusiones e idealizaciones. Aquellas que nos mantuvieron cohesionados,coherentes, antes de perder la cabeza y perdernos a nosotros mismos en el intento de volver a tenerla.

Porque… seremos jóvenes, pero un día lo fuimos más.
Un día no necesitamos maquillaje.

Un día no habían ojeras que tapar ni ojos tristes que disimular ni labios rotos que repasar.

Teníamos los nudillos limpios y un alma valiente.
Aquel día fuimos libres con todas sus acepciones porque no teníamos nada excepto la seguridad de que esos momentos eran sólo nuestros.

Ahora nos acostamos en nuestras camas de siempre pero hace años que nada ni nadie volvió a ser igual.

Hace tiempo que nos mordemos los labios y nos carcomen las dudas.

Nos hemos hecho mayores.

Nos refugiamos con distintas caras en la nicotina y en las copas.

En las desilusiones y los corazones rotos a las 2 de la madrugada.

Y ahora sólo somos todo lo que odiamos porque la vida no nos enseñó a ser de otra forma.

Lo daría todo por sentir de nuevo la nada. Y a la vez lo daría todo por no haberla sentido nunca y así no tendría nada que echar de menos.

Lo daría todo también por poder ver a la gente con la que compartí inocencia sin esperar que ellos también lo echen de menos.

Lo daría todo por dejar de esperar que alguien me diga que puedo volver a aquellos tiempos si quiero.

A aquel día en el que cada verso no llevaba un nombre.

Cuando aún el futuro no era sinónimo de presente.

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