Y miradas que te paran el tiempo

y entonces ya no piensas

en las coordenadas de la perdida.

 
En la probabilidad de que ese todo tangible

se vuelva algo que solía tener,

o conocer.

Como otras muchas veces,

como otras muchas cosas,

como esa nada que lleva

ocho meses queriéndote,

y no te sientes carne de cañón,

si no sencillo,

frágil,

ligero…

bien.

 

Como deberías haber hecho,

hace mucho tiempo,

sin un pretexto.

 

Eso dicen los que saben,

hoy en día tan tristes,

tan extranjeros.

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