Hay una mosca revoloteando y el aire de verano está acompañado por un ventilador roto que para sorpresa de todos, sigue funcionando.
Y yo. Sigo. Aquí. Sentada.

Hace tiempo que perdí, pero de alguna forma me las he arreglado para seguir moviendo los peones lenta e ilegalmente.

Los tengo en mis manos y en mi mente.

En distintas posiciones, jugando con las blancas y con las negras, pero Él siempre fue más inteligente que yo, ¿no?

Hace tiempo que dejé de intentarlo. Y me refugié en los peores bares de las rotondas, donde nunca llegó la música pero siempre cupimos bien las sobras. Entre vahos vomitivos, paredes de madera y gente que no se acordará de mi nombre cuando amanezca, creé mi gloria.
Bombas y luces de neón fueron el mejor sinónimo a casa. Y nunca paré a preguntarme porqué eso hacía sentirse incómodos a los extraños.

Porque tenían tanta prisa aquellos pequeños extranjeros que pasaban por mi vida por un tiempo muy limitado y se despedían de mí rápidamente desde un espejo retrovisor.

Hace tiempo que me importa, porque nunca dejó de hacerlo.

Pero he aprendido a fingir muy bien.

Sólo hace falta que no me miren demasiado la mirada nerviosa.

Que no se fijen demasiado en el sudor frío que recorre mi espalda.

Que no se fijen en que tengo miedo.

Que soy la que más miedo tiene.
Porque supongo que jamás estaré curada de la vida.

Esa puta aún me mira como queriendo saber cuánto toleraré más.Me escupe. Me desprecia silenciosamente. Siempre quiere que le pruebe que mala hierba nunca muere.

Que soy un hueso difícil de roer. 

Ahora mismo, está en la esquina de mi cuarto y me mira descarada y divertida, esperando a que la saque a bailar. No la voy a sacar a bailar. No voy a poder sacarla a bailar.
No sé cómo pedirle que por favor, hoy no saque las balas.
Que me cubro con armaduras más pesadas que yo.
Que soy una enclenque que se oculta en una actitud indiferente.

Hace tiempo que no quiero que nadie me salve. Porque sé que sólo podré hacerlo yo.
(No sé a quién se le ocurrió poner mi propia vida en unas manos tan temblorosas).

Hace tiempo que entre tanta bomba y tanto neón,tanto daño y tanto llanto,quiero un hombro que me escuche llorar. Porque aún tengo a la esperanza acongojada susurrando mientras grita el miedo. Así que me gusta fantasear con que alguien venga a mitad noche. Me de una pastilla morada de esas que nunca vendieron en ninguna farmacia. Que me acune y me diga que hay vida después de esta muerte. Y quiero querer creerle. Y creo que podré quererle.

Porque soy muy dura con mis sentimientos.
Pero soy demasiado sentimental para serlo mucho tiempo.

Estoy rota, pero sigo funcionando. Te lo prometo.

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