El viento zarandeaba salvajemente los árboles que estaban a su alrededor y aunque llevase una sudadera aún sentía frío. Estaba anocheciendo y el cielo había estado nublado prácticamente todo el día. Se acercaba octubre.

Miró a los demás. Con ella, eran diez. Todos desconocidos excepto por Julián, Eva y Lidia,que eran sus amigos de siempre y los que le iban echando miradas cómplices mientras paseaban por el bosque. Andrea, por su parte,no las devolvía porque se estaba esforzando en no «irse de la manada» era la invitada de Eva y la que no se sabía el camino. Los demás, hablaban mucho y muy fuerte. Reían. Hacían bromas. y recordaban cosas. Casi todos iban comiendo una clase de cosas que se llamaban «Chutty Fud’s» que eran unos chicles ácidos que luego te hacían tolerar mejor el alcohol. O algo así.

Finamente, llegaron a una especie de prado. Era el prado más bonito y más grande que había visto en la vida. Dirigió su vista a Eva, para comprobar si también estaba maravillada por ello, pero ella estaba muy ocupada comprobando la bebida con todos. Así que sólo respiró hondo, como queriendo capturar más el momento.

Se dirigieron al centro y todos se pusieron en círculo. Pasaron botellas e iban mezclando. En algunos momentos saltaba Julián diciendo algo así como «Dejad un poco de Coca-Cola que Andrea no bebe», luego, «dejad un poco de Fanta» y así sucesivamente.
Quiso decir que no se preocuparan por ella, que no tenía sed y que probablemente luego tampoco tuviese, pero nadie parecía dispuesto a escuchar así que simplemente calló mientras les oía discutir sobre cantidades de vodka. Entonces, se fijó bien en todo alrededor y lo bonito que era el hecho de que no hubiese nada en lo que fijarse. Era una nada preciosa. La hierba, el bosque y el aire húmedo parecían ser un sinónimo de hogar.

Al cabo de un rato, todos estaban chillando muchísimo. Se reían por todo, de pronto se ponían a bailar. Lidia se estaba besando con un chico que no paraba de tirarse eructos. Julián estaba haciendo volteretas. Y Eva estaba profiriendo un monólogo que decía que los mosquitos no podían atacarla porque iba de rojo. Nadie entendió bien el por qué. Les miró a todos y se puso contenta. De pronto, en un momento dado,todos se quedaron en silencio.

-¿Alguna vez habéis sido felices porque os habéis dado cuenta de que estáis vivos? ¿De que sois reales en este mismo momento, al menos, aquí?-dijo Andrea.

Interpretó su silencio incómodo y su extraña mirada como un no. Un chico incluso estaba haciendo verdaderos esfuerzos para no echarse a reír. Pero no se lo había dicho a ellos, de hecho, no le hablaba a nadie en concreto. Quizá sólo a ella, porque sabía que jamás lo entenderían y ni siquiera le importó.

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