Es una pelea sin tregua en la que todos ven al verdugo pero nadie se apiada de la víctima.
Pasan las estaciones, los trenes y hasta los sueños en este verano eterno, poco acogedor, poco bueno.
Porque seguimos en la misma ciudad pero ya nada es o será como antes, ya nada es suficiente, nos emborronamos en el vodka preguntándonos por qué.
Por qué nosotros. Por qué ahora. Por qué aquí.
Todo sujeto de tiempo pasa a ser enemigo y nadie puede hacer nada al respecto. Y a nuestro lado únicamente los morbosos de las autodestrucciones, los amantes de los perdedores.
Pasan los coches, los amigos y los bares. Y nunca las cicatrices. Y nunca esto.

Delimitados por el miedo de no saber vivir sin tristeza nos acomodamos en vidas que no nos pertenecen, en mundos que nunca fueron nuestros y no nos quedan precisamente pequeños.
Sólo somos ocupas de una decadencia y la hemos permitido ser nuestra.
Pasan las aceras, los momentos y los poetas.
Y voy pasando yo, intentando olvidar que me muero por volver a ser vuestra.

 

Sujero idealizacion de pasado

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