“El adiós más duro es que el nunca quisiste decir” pero debiste. Antes de romper completamente un corazón o una esperanza. Mejor dejarla moribunda. Mejor no (re)matarla.
Porque hay muchas constelaciones y tú puedes tenerlas todas. Eres la fracción de la astronomía. Mini Dios liderando carnes y huesos. Tienes todo lo que hay que tener para tenerlo todo.
El mundo a tus pies,
el cielo tuyo.

Y yo, yo te voy a echar de menos. Te voy a echar de menos aunque en algún momento te echara de más pero -como individuo- nunca he sabido bien cómo ser plural pues me he pasado mi vida entera sublevaba a mi condición de cometa. Paso una vez, hago soñar, hago creer en las variables, en los imposibles,en que me voy a quedar, y me voy. Como si nunca hubiera estado, como si nunca, ni siquiera, hubiera llegado a llegar.

Siempre debo irme. Siempre necesito irme. Me paso media vida aferrada al hecho de que siempre tengo que estar en otra parte.
No te voy a mentir, a veces algunos extranjeros hacen que quiera quedarme. Hacen que tambaleen mis certezas, hacen aflorar mis miedos e incluso pueden hacerme replantearme el porqué. A veces consiguen que no me parezca tan romántica la marcha.
Y, sin embargo, será lo primero que haga cuando llegue la mañana. Y a veces, cogiendo ese avión hacia ninguna parte, mirando sus hogares desde lejos, me arrepiento, me arrepiento de haber acabado en ciertas vidas. De haber quemado o de haber sido chispa en donde ya había incendio. De haber sido aunque sea un murmullo en la casa de los gritos.

Lo siento pero es que ésta nunca fue mi órbita. Y creo que sólo puedes saber a dónde perteneces cuando has estado en donde no lo haces. Y creo que hay otros cielos fuera y creo que todos nos están esperando.

Te esperan a ti. Me esperan a mí. Y nunca a nosotros.

Quizá entre ellos me vuelvas a ver pasar. Y entonces quizá no me odies tanto. Y entonces quizá sepas que a los impares hay que dejarlos pasar.
Nunca cambiarán.
Los cometas siempre serán cometas,
tú siempre serás mucho más.

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